Por Mario Morales, socio de Consultoría y Estrategia de CCL Auditores Consultores.
La discusión sobre la nueva Ley de Protección de Datos Personales ha estado dominada por una mirada jurídica y regulatoria. Gran parte del debate se ha centrado en las obligaciones, las sanciones, la institucionalidad y los mecanismos de fiscalización. Sin embargo, para las organizaciones, el verdadero desafío es otro. Más que una nueva exigencia legal, esta ley presenta una oportunidad para replantear la forma en que se gestiona uno de los activos más relevantes del negocio: la información. Es natural que exista preocupación por las multas. No obstante, reducir esta transformación al cumplimiento normativo sería repetir un error que ya hemos visto con otras regulaciones. Las organizaciones suelen abordarlas como proyectos destinados a evitar sanciones, cuando en realidad constituyen una oportunidad para revisar cómo crean valor y fortalecen sus capacidades de gestión.
Las regulaciones modernas ya no buscan únicamente restringir comportamientos; también transforman la forma en que las organizaciones son gestionadas. La nueva ley es un claro ejemplo de ello. Sus principios: licitud, transparencia, proporcionalidad, seguridad y responsabilidad demostrable, no son solo conceptos jurídicos; son principios de gestión que obligan a preguntarse qué información se recopila, para qué se utiliza, quién accede a ella y cómo contribuye a la estrategia del negocio. La protección de los datos dejará de ser un asunto exclusivo de las áreas legales o tecnológicas para convertirse en un desafío de gestión directiva, gobernanza y sostenibilidad organizacional. Pero, además, representa una oportunidad para derribar los silos que históricamente han separado funciones críticas dentro de las organizaciones. Control de gestión, gestión de riesgos, tecnología, ciberseguridad, asuntos legales y estrategia deberán comenzar a operar con una mirada integrada.
Solo así el cumplimiento dejará de ser un costo para transformarse en una capacidad organizacional capaz de generar diferenciación, fortalecer la inteligencia del negocio y crear valor. Sería un error observar este fenómeno únicamente desde la lógica del riesgo. La verdadera oportunidad está en fortalecer la confianza, uno de los activos más escasos y valiosos para competir en un entorno donde clientes, colaboradores, inversionistas y reguladores exigen organizaciones cada vez más transparentes y responsables.